viernes, 29 de julio de 2016

Szimpla Kert, "Ruin Bar" en Budapest

El Szimpla Kert (Jardín Simple, en húngaro) está considerado como el tercer mejor bar del mundo, según la subjetiva lista que elaboran los usuarios de la guía Loney Planet (el primero está también en Budapest, el A38, un antiguo carguero ucraniano amarrado en el Danubio). Fue el primer “Ruin Bar” abierto en la capital de Hungría (Kazinczy u. 14), una corrala con patio ajardinado en pleno barrio judío de Pest, en el distrito VII.







El concepto de “Bar ruina” surgió aquí: edificios de más de cien años en franco deterioro que se alquilan al Ayuntamiento. Se rehabilitan lo justo para que no caigan y se decoran con un estimulante caos que va de lo sicodélico al reciclado y lo natural, con permanentes guiños al graffiti y al arte urbano.






Ubicados en antiguas fábricas o en casoplones enormes que, pasado su esplendor, acabaron en innumerables partiditos, tienen mucho de laberínticos. Cada ambiente, a veces las antiguas habitaciones de lo que fue un piso, tienen su propio ambiente. Se multiplican las barras y las músicas se diversifican. Y, aunque nos parezca de otro tiempo, en los Ruin Bar se fuma, y mucho. Incluso en las habitaciones interiores.









Se puede comer algo rápido, alguna hamburguesa decente y la siempre excelente cerveza húngara, a precio de risa (según los sitios, jarra de medio litro, entre 0,80 y 1,30 euros). No admiten tarjeta, sólo florines. Eso sí, que nadie espere amabilidad ni aquí ni en casi ningún otro sitio de Budapest. La simpatía, que la hay, es una rareza.







Son, además, un punto de encuentro artístico importante. Éste Szimpla acoge proyecciones de cine, teatro, performances y hasta un mercado de productores ecológicos los domingos, que traen, además de frutas y verduras, sus propias elaboraciones de quesos, miel, mermeladas, setas secas, siropes, cremas o embutidos elaborados con carne de cerdo mangalica, autóctona de Hungría, con una proporción de grasa y tocino muy elevada y con un pelo largo y grueso que parece lana, por lo que también se le conoce coloquialmente como "cerdo-oveja". Es curioso que esta raza, casi desaparecida por el cambio de gustos gastronómicos, ahora con tendencia a productos menos grasos, se salvó de la extinción por una empresa española, Monte Nevado, propietaria de "Jamones Segovia", que buscaba razas de cerdo más grasas para elaborar productos de mayor duración. Ahora la empresa mantiene la crianza de estos cerdos arcaicos en granjas de la misma Hungría.

En el Szimpla sirven aperitivos de quesos artesanos y hortalizas crudas y vimos algunas cazuelas con guisos. Abre todos los días de doce de la mañana a tres de la madrugada. Teóricamente, porque se alargan en el horario mucho.








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