martes, 2 de septiembre de 2014

Quiche de calabacín y salmón ahumado

Aunque en su origen las quiches eran tartas saladas del noreste francés, fronterizo con Alemania, que incluían sólo huevos y crema fresca, pronto pasaron a admitir todo tipo de ingredientes. La más conocida es la Quiche Lorraine, por la región de Lorena, que incluye puerros y baicon.

Salvamos la principal dificultad del plato, la elaboración de la masa de la base, empleando una ya elaborada. El Lidl comercializa una muy aceptable, presentada como un rollo. En esta ocasión preparamos una Quiche de calabacín y salmón ahumado. Aunque lo más habitual es que la base de esta tarta sea de masa brisa o quebrada, esta vez utilizamos masa de hojaldre.

Precalentamos el horno, diez minutos a 180 ºC. Extendemos la masa con el rodillo de madera, para disminuir el grosor de la que compramos. Sin quitarle el papel que trae, forramos un molde redondo de silicona. El papel queda entre la masa y el molde y nos ahorra el tener que engrasarla con aceite o mantequilla, además de facilitar, luego, el desmoldarla. Podemos utilizar la masa que sobresalga de ese molde para aumentar en algunos sitios la altura de la base, humedeciéndonos los dedos y trabajándola como una plastilina. (La masa de hojaldre viene de un tamaño más pequeño que la de masa quebrada, y nos puede quedar corta si empleamos un molde redondo de buen tamaño). Pinchamos, con un tenedor, esa masa, tanto en el fondo como en los laterales. Para evitar que la masa suba y se deforme, cubrimos con medio kilo de garbanzos (que luego retiraremos y guardaremos para sólo este uso). Horneamos durante quince minutos.


Mientras prepararemos el relleno. Troceamos dos calabacines, con su pie, en cuadraditos pequeños. Picamos una cebolla fresca. La rehogamos en un fondo de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté transparente, añadimos los calabacines. Removemos y tapamos, dejando cocerse todo en su vapor, unos quince minutos. Los últimos cinco, ya destapado, para que se evapore el agua de vegetación. Retiramos del fuego y dejamos entibiar.


Cuando esté lista la base de hojaldre la sacamos del horno, y retiramos los garbanzos.

Aparte, batimos, mejor con varillas, cuatro huevos. Ya batidos, se añade un bote de 200 gramos de nata para cocinar (la que comercializan para montar es demasiado grasa). He probado varias marcas y me gusta el espesor de la del Lidl (que aseguro no paga este post). Mezclamos, con las varillas, esta nata. Ya integrada, añadimos media cucharadita de pimienta blanca molida y una punta de nuez moscada. Añadimos, después, con las varillas también, unos cien gramos de queso rallado, a nuestro gusto. Usé, esta vez, uno semicurado de vaca. A esa mezcla le añadimos el sofrito de cebolla y calabacín, escurrido de aceite, y unos ciento cincuenta gramos de salmón ahumado, troceado.



Vertemos la mezcla sobre la base de masa de hojaldre horneada, y ponemos en el horno la tarta, unos treinta minutos a 180 ºC. Debe quedar cuajada pero muy jugosa, (que el dedo se hunda al tocarla, pero no la rompa), con una textura de casi flan.


La dejamos enfriar completamente antes de sacar la tarta del molde. Antes de presentar recortamos los picos más quemados y los desniveles de la pasta, redondeando sus filos. Para eso, apoyamos, sin presionar, en una cuchara de madera lo que queramos recortar e iremos dándole la forma que deseamos con un cortapasta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario