miércoles, 6 de agosto de 2014

Restaurante "El Mirlo", en Paloma Chica (Tarifa)

Hay restaurantes que, ya en sí mismos, justifican la visita. Por su decoración, o por conseguir un ambiente fuera de lo común, o por acogedores, o por su ubicación o por sus vistas. Si, además, se come bien en ellos, ya aseguran un flechazo de muchos años. Conozco fidelidades que van más allá de toda lógica, porque ésta no siempre cuenta con el momento emocional en que descubrimos algo. El restaurante El Mirlo, en Paloma Chica (Tarifa) es uno de estos restaurantes que, escondido en medio de uno de esos pequeños paraísos de esta provincia gaditana, lo tiene todo para cautivar a quien lo conozca. Aclaro que es un paraíso que conoce mucha gente y que, en pleno verano, conviene reservar mesa, porque el camino iniciático de esa pequeña carretera entre dunas que acaba en pista militar, suele estar bastante transitado. Tomando, desde la carretera general que lleva a Tarifa, la entrada a Punta Paloma, no pararemos en las hermosas dunas sino que continuaremos por esa misma carretera, hasta pasar las garitas donde estaba la verja que cerraba, hasta hace pocos años, el acceso a toda esta zona militar. La carretera, a partir de aquí, se empeora, pero transmite esa sensación de entrar en un lugar vedado hasta hace muy poco, casi virgen de edificaciones, salvo algunas casas diseminadas.


En un alto, y compartiendo la bajada peatonal a las calas de Paloma Chica, está este restaurante de varios espacios: un salón en lo más alto, con grandes ventanales, con las mejores vistas; un bar, debajo, para tapear, o comer en plan más informal; dos buenas terrazas abiertas, frescas y cotizadas, abiertas al Atlántico; o, incluso, su propio espacio chill out, con cojines y hamacas sobre un césped bien cuidado, para las copas. Desde cualquiera de esos espacios, en los días claros de Poniente, se ven las montañas del Alto Atlas, o la penumbra de las casas de Tánger, justo enfrente, en un remanso de la costa marroquí, que se aleja al Sur. En ese escenario, parece redundante decir que lo mejor de su oferta son los pescados de ese Estrecho que vemos, desde allí, ensancharse; o los capturados en esas mismas calas tarifeñas.


Empezamos con una semiconserva elaborada por ellos mismos. Le dicen Sequillo, lomo de atún secado en una salmuera, con una fórmula parecida a la del tradicional atún de ijada, pero con mucho menos tiempo de salado. Perfecto de salazón, jugoso, manteniendo casi la textura del atún crudo. Realmente excepcional. Lo presentan sobre rebanaditas de tomate natural.


Continuamos con un guiso de Atún encebollado, con la cebolla bien cocida en su jugo y algo de vino fino. Los tacos de atún, en ración generosa, estaban bien cocidos, enteros y manteniendo la jugosidad.

Seguimos con unas Sardinas pequeñitas fritas. Grasas, en su mejor momento del año. Tan frescas que podían comerse enteras. (No dio tiempo de hacer la foto)


El plato principal fue un Borriquete asado al horno. Lo habían enharinado, con lo que venía cubierto de una ligerísima capa crujiente. Lo presentan con guarnición de pisto de verduras y patatas panaderas.


Como postre tomamos un Puding de higos.

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