lunes, 30 de junio de 2014

Café Fado La Portuguesa, Valladolid

Un local muy pequeñito lleno de encanto y amabilidad. Café Fado La Portuguesa (c/ Estación, 15) mantiene ese espíritu antiguo de las casas de comida, es decir, sitios acogedores que son antes que nada una casa donde encuentrar refugio y cierta familiaridad, la justa para sentirse cómodos sin apabullar. Un lugar con una cocina muy honesta, sencilla, de productos conseguidos esa misma mañana en el mercado y cocinados como para su propia gente. El precio, justísimo, imbatible para la calidad de los ingredientes empleados, conserva también ese espíritu antiguo de que el cliente se vaya bien comido por lo que pensaba gastarse. Para hacerse una idea, el menú que explicaremos, completo, quedó en unos dieciocho euros por persona. Suele estar lleno, es cierto. Especialmente en esa hora que, en Castilla, aún llaman del vermú. Tiene sólo tres mesas pero la barra se multiplica como por arte de la magia de Hortensia, su dueña y cocinera. Cuando el ardor hambruno se relaja tiene tiempo de charlar un rato con sus comensales, muy amable, curtida también en mil batallas. Nos contó que este mes baja a La Línea, que le gusta visitar ciudades poco trilladas por el turismo, conocer lo que tienen de verdad, comer en los sitios donde come la gente del lugar, pero dejando el último día para el sitio caro de cada ciudad, para hacerse una idea completa de cómo es la comida en todas sus posibilidades. Nos contó que estuvo a punto de instalarse en Cádiz, de abrir un bar brasileño de zumos. Es una lástima enorme que nos la perdimos. Ahora cocina, de maravilla, en una calle paralela a las vías que dividen el centro urbano de algunos barrios populares (Delicias, Los Pajaritos), llenos de interés, muy cerca de la estación de trenes. Casi pegado también a mi bar preferido de Valladolid, La Ferroviaria, puro patrimonio etnográfico.

Empezamos con un aperitivo de Arroz caldoso con tomate.


Seguimos con una Ensalada de atún rojo. Una sorpresa encontrar en Valladolid atún de Barbate, que le traen, en temporada, todos los jueves. De calidad excepcional, es el ingrediente principal de una ensalada verde que incluye aguacate y manzana. El atún, crudo, cortado a cuchillo, más grueso que los cortes japoneses, está aliñado, que no macerado, pues se adereza en el momento de servirlo, con un aliño propio, del que sólo quiso contar que llevaba vinagre de Jerez y alguna salsa asiática.



A continuación tomamos Pulpo asado. Venía con una guarnición que ya probamos en el Algarve, papatitas cocidas previamente que, una vez aplastadas con la propia mano, se terminan de hacer a la plancha.


Pasamos al plato principal, un Bacalao a la salsa ajoblanco. No se trata del gazpacho blanco del mismo nombre sino una especie de muselina de nata ligeramente montada con crema de ajo. El bacalao era de Islandia, nos dijo, es decir, algo más blanco y suave que el amarillo noruego que suele usarse en la cocina portuguesa.


Para los postres, tomamos unos pasteis de nata, que bien pueden calificarse de Pastelitos de Belem, porque Hortensia es de Lisboa. De elaboración propia, como el bizcocho de nueces y canela, que completaban el plato dulce.


Con el café, probamos algunos de los licores caseros que también elabora la propia Ortensia: licor café, de crema, de hierbas y de miel.


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