martes, 5 de febrero de 2013

La almazara casera del gran Manolo El Sereno

Quiero recordar a Manolo Ruiz, a quien todos conocían como El Sereno, tan vivo como era. El pasado 23 de agosto celebraba su 88 cumpleaños en la jiennense Frailes, que lo nombró su hijo adoptivo, y como cada año, hasta allí se llegaron centenares de personas a celebrar que alguna vez lo conocieron. Por esas fiestas han pasado Salvador Compan, Baltasar Garzón, Eslava Galán, Luis García Montero, Almudena Grandes y un sinfín de gente muy importante en su trabajo que le reconocían a él su propia grandeza. Del Sereno se cuenta cómo rescató a su amiga Sara Montiel, encerrada en un baño armario de su casa, o cómo le dieron una cena de agasajo en la Cámara de los Lores, en su primer viaje a Londres, organizada por esa desconocida turista que encontró también hospedaje en su casa y resultó ser la mujer del Presidente del Parlamento. Llegó a convertirse en personaje literario, está en la novela La máquina de la luz de Michael Jacobs, hispanista inglés que acabó quedándose a vivir en Frailes; Juan Eslava lo convierte en guía de un japonés a quien le enseña el aceite de Jaén; o la gastrónoma norteamericana Claudia Roden, autora de El Libro de la Cocina Judía, considerado el más importante libro sobre esa cocina, le dedica todo en capítulo en su libro The Food of Spain.

Manolo Ruiz El Sereno en la escalera de su casa en Frailes

Yo lo conocí en noviembre del 2011, junto a Juan Antonio Mena y Pilar Acuaviva, del blog Tubal. El recuerdo de la noche en que nos enseñó la almazara que se construyó en su propia casa, "la más pequeña del mundo", decía, y la humanidad que compartió con nosotros es el mejor recuerdo que conservaré de este hombre de trato bondadoso que, hasta hace pocos años, bajaba escalando la montaña de su pueblo para ahorrarse el rodeo de ir por la carretera hasta la cafetería que le gustaba, o que nos tuvo con el corazón en la boca, esa misma noche, conduciendo como un chaval su coche amarillo por esas carreteras de montaña. Me entero que falleció la semana pasada, cuando aún se pensaba acompañar a su amigo Jacobs en un viaje por Colombia.

De aquella noche guardaba estas fotos que le hice a su almazara, construida por él mismo, con piezas reutilizadas: tambores de lavadora, barriles de cerveza, piezas de vehículos... Estas imágenes concentran su amor por el aceite de oliva virgen extra, al que dedicó buena parte de su vida en promocionarlo desinteresadamente. Defender nuestro aceite, desde aquí, es también el particular homenaje que le mantendremos a este hombre bueno.










1 comentario:

  1. Desde Frailes te agradecemos las palabras y el recuerdo a nuestro amigo comun. Un abrazo

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