lunes, 26 de noviembre de 2012

Navazos de Sanlúcar


Invitados por Juan Antonio Mena y Pilar Acuaviva, del blog Tubal, organizadores de los pormenores y contactos en esta visita a Sanlúcar, junto a su concejal de Turismo, Antonio Reyes, pudimos conocer de primera mano la realidad actual de los navazos, una de las más importantes muestras del patrimonio inmaterial de aquella ciudad. No menos importante que el extensísimo patrimonio material de monumentos y edificios históricos de Sanlúcar, su misma condición de inmaterial hace a este agroecosistema único aún más vulnerable. De hecho, sobre la maravilla histórica de la que hablaremos pende un proyecto de paseo marítimo, desde el centro de la ciudad a Bonanza, que enterraría este tesoro. También, nos contaron, una inmobiliaria está comprando todos esos terrenos colindantes con la orilla del Guadalquivir, donde se asientan estos navazos.
 
Visitamos el navazo situado a la espalda del Baluarte del Salvador, popularmente conocido como castillo de la Pantista, defensa del siglo XVII contra los piratas que asaltaban galeones que subían hasta Sevilla, aprovechando las dificultades de navegación de la barra de Sanlúcar, en la desembocadura del Guadalquivir. Actualmente es el navazo mejor conservado.

(Vistas del Baluarte. En la foto mayor, el navazo. Abajo, vistas desde la orilla gaditana del Guadalquivir: Doñana, Bonanza y la desembocadura.)

De los navazos de esa costa atlántica gaditana, y de la calidad de las verduras cultivadas en ellas, ya nos hablaba Dionisio Pérez en su Guía del Buen Comer Español, en 1929: "entre Rota y Sanlúcar de Barrameda podrá el viajero conocer los navazos, que podrucen verduras de un sabor singular. Son estos navazos excavaciones hechas en las dunas playeras, cuyo fondo se ve dos veces cada día humedecido de agua dulce que llega hasta allí por la presión del mar en la creciente de sus mareas. Los franceses llamarían a estas verduras prés-salés, como llaman a los coderos que apacientan cerca del mar".

 
(Casa semiderruida del navazo. En este caso, la edificación es de obra, pero en muchos casos eran simples chozas.)

El ingeniero agrónomo e investigador del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos de la Universidad de Córdoba, Rubén Sánchez Cáceres, con diversas publicaciones sobre los navazos tradicionales de Sanlúcar, y miembro también de la muy activa Asociación Sanluqueña de Consumidores y Productores Ecológicos "La Borraja", fue el encargado de explicarnos la historia y el funcionamiento de este agroecosistema, como él mismo dijo, un sistema natural que, intervenido con sabiduría, se hace compatible con la actividad humana, como también ocurre en las dehesas. Le acompañaba el agricultor Luis Ibáñez, cuya familia lleva cultivando estos mismos terrenos desde hace ya más de cien años.

Para resaltar que los navazos se cultivan aún de la misma manera que hace siglos, utilizaremos un texto histórico (en cursiva en el texto) que describe ese cultivo entonces, intercalandolo con algunas precisiones actuales del propio Rubén Sánchez Cáceres. El texto es el discurso leído por don Francisco Amorós en la Sociedad Económica de Sanlúcar de Barrameda, el 30 de Noviembre de 1803, impresa un año más tarde en Cádiz por acuerdo de la misma Sociedad.
Allí se cuenta el origen de este tipo de cultivo en la ciudad, dice que sesenta años antes, lo que lo situaría sobre 1740. No obstante, hay documentos en el archivo de la Casa Ducal de Medina Sidonia que prueban la existencia de algunos en 1723. Aunque el sistema de cultivo en arenas parece ser muy anterior, de la época andalusí. La misma palabra navazo parece provenir del árabe, nevaa o nevat, que significa "manar agua".
 
(Se aprecia la cercanía del río, con su tránsito de mercantes hacia Sevilla. En la foto de abajo izquierda, se ve el talud que proteje los cultivos, asentado a su vez con plantación de diversos arbustos)

"En el terreno que media desde el Castillo del Espíritu Santo hasta el Puerto de Bonanza por espacio de media legua de longitud siguiendo la orilla del mar, se había formado una cordillera de meganos de arena voladera, que arrebatada por los vientos del oeste sobre la población, había sepultado el caserío de una calle entera, y amenazaba la ruina de todo el barrio bajo de la Ciudad, siendo infructuosos los varios medios que se habían tomado para atajar semejantes estragos. Ya se creía irremediable su pérdida, cuando por un medio indirecto se logró repentinamente sujetar las arenas, y al mismo tiempo convertir aquel terreno estéril en el mas productivo, que acaso se conoce en los dominios de la Agricultura, fabricando en é1 las huertas que llaman navazos. Veamos como se logró esta singular metamorfosis.

Habrá unos 60 años que varios trabajadores del campo aplicados e ingeniosos, empezaron a fabricar algunos hoyos en aquellos cerros de arenas, sin saberse positivamente las circunstancias que los excitaron a ello, y formando con la arena que extraían unos vallados muy altos, profundizaron el ámbito de terreno que les permitieron sus fuerzas o facultades hasta media vara o tres cuartas sobre el nivel del agua subterránea. Después de construir una profunda planicie resguardada por el elevado conjunto de arenas de su circunferencia, la rodearon con una zanja que llega hasta el mismo nivel de las aguas, formada entre el vallado y la planicie, y suelen también atravesarla con otras zanjas para que corran por ellas las aguas hasta una poza o caja general que forman de material, de la cual sale un conducto de atenores para que las vierta en la orilla del mar, atravesando aquellos arenales a la profundidad de ocho varas que tienen de elevación algunos de sus cerros. Sin embargo de la delicadeza y el tino que exigen estas operaciones, los mismos navaceros las ejecutan, y así que forman su posesión plantan viñas en los vallados o alturas que la circundan, y algunos frutales como ciruelos, damascos, albérchigos, etc. y por el borde interior, con el fin de contener el descenso de las arenas a la zanja y al navazo, plantan filas de cañas, pitas y otros arbustos. Después de estas operaciones preventivas, se procede al cultivo de la planicie interior, el cual varía según la magnitud calidad de los navazos, pues los hay de distintas especies. Los de marea son aquellos que participan del flujo y reflujo del mar, el cual influye en ellos, haciendo elevar y bajar el agua de su fondo según las mareas. Estos navazos son los mas apreciables, porque cada doce sube el agua subterránea a humedecer las raíces de las plantas, cuya circunstancia les es muy ventajosa, singularmente en los calores del estío, y así crían en aquella estación muchos frutos que no son propios de ella, y que por lo mismo tienen mas valor. La superficie de estos navazos se proporciona y gradúa con el punto de mayor elevación de las mareas, para preservar las plantas de una excesiva humedad y darles solo la conveniente."
 
El navazo aprovecha el sistema dunar, las hondonadas entre las dunas, donde es mayor la humedad y la fertilidad. El descrito es un navazo de marea, el más productivo. Al irse alejando de la costa llegaba menos agua. En el talud, que proteje al navazo del viento, se plantaron viñas. Estas viñas en arena no sufrieron la epidemia de filoxera de finales del siglo XIX, y sirvieron para repoblar buena parte de las otras tierras de vinos de Jerez.

(En el centro se ve el pozo; tras escarbar, la tierra llega a estar al mismo nivel que el acuífero)

Los navazos que no son de marea tienen constante el nivel de las aguas subterráneas con solo aquella variación accidental que producen las estaciones secas o lluviosas, y por dicho nivel se arregla la mayor ó menor profundidad de la planicie.

Generalmente tanto estos navazos como los otros tienen su desagüe al mar, pero los hay también que carecen de él; y en este caso son de inferior calidad, porque se anegan el invierno y solo pueden aprovecharse en el verano, siendo así que los otros están fructificando en todo tiempo.

Cuando llueve en éstos se recogen también las aguas hasta que se elevan en las zanjas a una altura que diste un palmo de la planicie del navazo, y son árbitros de regularla abriendo o cerrando proporcionalmente los conductos de desagüe. Asimismo se aprovechan en algunos navazos las aguas que bajan de la Ciudad en las lluvias del otoño, y como vienen revueltas con el polvo de las calles reciben por esto uno de los mejores abonos que pudiera proporcionárseles.
 
Según el Tratado de aguas y riegos, de Llaurado, 1884, existen tres tipos de navazos: los de marea, que participan del flujo y reflujo del mar; los que no disfrutan de esa influencia pero tienen desagüe al mar y, finalmente, los que no tienen esa salida del agua sobrante. Es importante la interconexión entre los navazos, para permitir evacuar las aguas sobrantes a través de las gavías, zanjas abierta en la tierra para ese desagüe, haciendo también a veces de linde de tierras.


El cultivo de los navazos empieza en el mes de Abril, o principios de Mayo, dándoles la principal labor y beneficio que consiste en echar una carga de estiércol de seis arrobas por cada cuatro varas superficiales de tierra, y en dar una caba general y profunda, con la cual se mezcla perfectamente el abono y se remueven las tres cuartas partes de tierra que hay desde el fondo de la zanja hasta la superficie del navazo, haciendo que la parte inferior y mojada quede encima, y la superior vaya al fondo a reemplazarla. Después se pasa a plantarla de lo que se quiere, y según la clase de legumbre o semilla que se pone, así es la labor particular que se le da, bastando el primer abono para todo el año, a excepción de las plantas que llaman mantas, como son las calabazas, las sandias y los melones, a pie de cada una de las cuales echan una espuerta de estiércol.

Pueden cogerse dos cosechas en el discurso año, y cada una de tres frutos, la primera deverano y otoño, la segunda de invierno y primavera. En cada una de ellas ponen casi al tiempo los tres frutos que han de cultivar, escogiéndolos entre aquellos que tienen una vegetación gradual y progresiva, de forma que crezca el primero prontamente; y cuando se recoja vaya descollando el segundo, y suceda lo propio con el tercero, así que su predecesor haya llegado a dar todo su fruto. Los que producen son generalmente estos: maíz, patatas, lechugas, guisantes, habas, cebollas, tomates, coles, calabazas, melones, sandias y toda clase de hortaliza; pero de una magnitud tan monstruosa que admira, y de un sabor tan delicioso y de unas calidades tan suaves que agradan infinito. Hay coles que pesan 26 libras, sandias que llegan a 40, y calabazas que pasan de 4 arrobas, y a este es todo lo demás, bien es verdad que consumen infinito estiércol, y se esmeran en cuidarlos.
 
En el navazo visitado están plantados, en esta temporada de cultivos, guisantes, puerros, papas, habas, coliflores, pimientos de cuernicabra o coles. Incluso, como curiosidad y posibilidades de variar a otros cultivos no tradicionales, había algunas matas de alquequenje o physalis, esa pequeña fruta que se presenta envuelta en sus hojas decorando cualquier modernidad de plato.


Las ganancias que produce este perpetuo cultivo son considerables: media aranzada de hoyo de navazo bien cuidado por el dueño, mantiene su familia y da ocupación a varios jornaleros.

El producto de las cosechas de dichos navazos es tan grande, que después de proveer al abasto de San Lucar, salen continuamente barcos colmados de frutos para el consumo de Cádiz y su Bahía.
Indicaré el precio de algunos productos para que sirva de ejemplo. La docena de calabazas vale de 50 a 60 reales. El 100 de melones, de 8 a 12 pesos, el de sandias desde 10 pesos a 40 en algunos años, y el millar de cebollas de 9 a 10 pesos.
Cada aranzada de navazo paga 12 reales tributo, el diezmo se satisface a razón de 1 por 12 si es en fruto, y de 1 por 1 5 en dinero, sin otra seguridad que la palabra de navaceros.
La carga de estiércol cuesta 3 reales. También recogen el mantillo o polvo de las calles, y se emplean en conducir estos abonos borriquillos al cargo de muchachos. Últimamente, los obreros trabajan 7 horas en invierno y 8 en verano.
A finales del siglo XIX había casi mil hectáreas de navazos y cerca de tres mil familias dependían de su actividad en diez municipios gaditanos. Hoy sólo quedan vestigios de estos campos en Sanlúcar, sometidos a una enorme presión urbanística. Actualmente no tienen ningún tipo de protección legal.

1 comentario:

  1. Completísimo y bien documentado. Fué un placer compartir la visita con usted. Saludos

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