lunes, 1 de octubre de 2012

Vistas desde Cabo de La Plata

El Cabo de Plata es un lugar de impresionante belleza que separa la interminable Ensenada de Zahara de los Atunes de la escondida Playa de los Alemanes. Allí, entre este cabo y el de Gracia, donde está el faro Camarinal, y es límite del Parque Natural del Estrecho, se refugiaron algunos nazis tras la Segunda Guerra Mundial, una época de la que aún quedan los restos de un bunker de 1940. Y, allí, existe un mundo ajeno a la dureza de la realidad de la mayoría, donde una villa de cinco habitaciones cuesta ahora un millón trescientos mil euros. De espaldas a esa parte privatizada de la Sierra de La Plata, que ya se citaba en el Libro de Montería de Alfonso XI, podemos ver toda la belleza otoñal del Atlántico.


Un placer a compartir libremente. Al menos, hasta que este gobierno no cambie, como amenaza, la Ley de Costas, y todo lo que queda virgen de la costa pública vuelva a ser, otra vez, un lugar para el disfrute exclusivo de quienes se lo compren. En esta costa, hacia el Sur, tras la Punta Camarinal está Bolonia y, más allá de Punta Paloma, Valdevaqueros, donde ya está muy concreta esta amenaza.
 
 
 
 
 

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