domingo, 7 de octubre de 2012

CAFÉ REVUELTA

Las paredes de El Café Revuelta (Avda Cabo Diego Pérez, 62) resumen los últimos setenta y ocho años de historia de Barbate. Fotos, muebles, carteles, pequeños electrodomésticos que alguna vez representaron la llegada al pueblo de la modernidad, lo convierten en un pequeño museo vivo que, en sus objetos, conserva el rastro del alma de quienes por aquí pasaron. Desde que, en 1934, lo fundara Diego Revuelta Morillo, que fue antes camarero que propietario, y creó este café y bar de copas frente a lo que era el Casino, y luego fue Ayuntamiento y, tras la Guerra, una farmacia. En una calle importante de Barbate, cerca del mercado y del Palenque de frutas, y donde ya funcionaba con éxito otro emblema barbateño, la Taberna Abelardo, La Presenta, sólo cinco números más cerca del mar. Esa cercanía hace obligada la visita a ambos enormes establecimientos, tan complementarios además, para premiarse el ánimo con su defensa de la memoria y del patrimonio emocional de su pueblo.
 
Desde 1964, el Café lo regentan los hijos menores del fundador, Encarna y Diego. En el Café Revuelta sólo sirven café y bebidas, a disfrutar en alguno de sus rincones de tiempo calmoso. Pero admiten comidas de la calle, como las que sirven un cercano local que fríe pescado y preparan menús, en lotes de platos para llevar.
 
 
En ese remanso, El Café Revuelta se convierte en un lugar para sorprenderse con tanto coleccionismo del tiempo. Botellines con vinos ya desaparecidos, planchas de hierro, hornacinas con santos, muñecas vestidas con el traje de manto y saya de las cobijadas o aquellos ventiladores metálicos de aspas plateadas que refrescaron los años cincuenta.
 
 
Naturalmente, también es una pequeña galería de la historia menuda del café, esa bebida de carácter social asociada, desde su expansión, con el espíritu crítico y el intercambio de pensamientos, por lo que quiso ser prohibida primero por los musulmanes, en el XVI, y un siglo más tarde, al llegar a Europa, por católicos integristas, que la veían como una bebida demoniaca.
 
En estanterías vidriadas, o sobre armarios, vemos viejos molinillos de rueda de hierro, cafeteras de porcelana o antiguos calentadores industriales de cafeteras y lecheras. También vimos una reliquia de cafetera individual con prensa, en aluminio. Con la forma de una pequeña cazuela metálica, con el fondo agujereado para hacer de filtro, se llena de café molido y el asa que la cierra hace también presión sobre una lámina circular que prensa el café. Se coloca, directamenta, sobre la taza y se añade agua hirviendo por arriba. El café va filtrando, muy lento, sobre la taza. Curiosamente, este tipo de pequeña cafetera es la que aún se utiliza para preparar el café tradicional en Vietnam y otros lugares de Extremo Oriente. La geografía que nos acerca más de lo que parece.
 
 
Entre viejas fotos de Barbate, carteles taurinos o cerámicas, destacamos un viejo cartel con la famosa foto del homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla en 1927, que daría nombre a la Generación del 27. No en vano, Café Revuelta es también lugar señalado de la cultura de Barbate y lugar de encuentro de artistas de la pintura, la poesía, la novela, la fotografía o la moda. Por aquí paraba con frecuencia, y leyó a gusto, Fernando Quiñones.
 
De una de las paredes cuelga un poema suyo, dedicado al mismo Café Revuelta, que no conozco publicado en otro sitio.
 
 
Por su interés, y porque no desaprovecho ocasión de homenajear a escritor tan grande como querido, lo reproduzco.
 
Por el Café de Revuelta
vagan toreros antiguos
y cantaores de niebla.
 
El Tiempo, que no se para,
hace aquí una paraíta
y puedes verla la cara.
 
Cara reposada, añeja
de Barbate; Andalucía
siempre niña aunque tan vieja.
 
Viento del atún y el río
por el Café de Revuelta,
tranquilo entre los tranquilos.
 
(Fernando Quiñones, Barbate, Mayo 1984)

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