martes, 7 de febrero de 2012

Una comida con hadas

Asistimos el pasado 2 de febrero al menú dedicado, en la Escuela de Hostelería "Fernando Quiñones", de Cádiz, al mundo onírico y mágico de los cuentos. No siempre infantiles ni tranquilizadores, los cuentos tejen en historias nuestros miedos, anhelos y esperanzas. Nos devuelven la mirada limpia, y a la vez desprejuiciada y no hipócrita, ante el mundo. Si a éste nos lo construyen mentiroso, insolidario y prosaico permitamnos que, de vez en cuando, lo volvamos luminoso y amable.

Lo consiguieron, al menos por las horas que nos duró su contagio, la profesora Mili Pinzolas dirigiendo, en cocina, a su grupo de alumnas y alumnos de Primero de Cocina, y la profesora Inmaculada Caña, en el comedor, dirigiendo a su alumnado de Primero de Servicio de la citada Escuela .


El menú se organizó a través de un recorrido por algunos de los cuentos más populares de nuestra memoria. Como Entrantes, hizo encontrarse en el mismo plato, como en  un claro del bosque, a la fantasiosa lechera que sueña un futuro mejor con la quejica princesa que no puede dormir porque los sirvientes no le han limpiado el guisante que la martiriza bajo los siete colchones donde duerme. Entre ambas, la cenicienta, ambiciosa también y quejica, se prepara el carruaje que antes fue una humilde calabaza.
El cuento de la lechera (vasito de crema con peras al vino tinto. Foto, arriba izquierda)
Iba alegre la lechera camino del mercado. Con paso vivo, sencilla y graciosa, sostenía sobre su cabeza un cántaro lleno de leche.
La Cenicienta (Buñuelos de calabaza y sus salsas de sobrasada, anchoas y romescu.Foto, arriba derecha )
Ve al jardín y tráeme una calabaza. Dijo la madrina. Cenicienta fue en el acto a coger la mejor que encontró, sin poder adivinar cómo esa calabaza podría hacerla ir al baile. La madrina la tocó con su varita mágica e instantáneamente se convirtió en un bello carruaje.


La princesa y el guisante (Milhoja de salmón y puerros sobre perlas de guisantes. Foto, abajo)
Colocaré un guisante debajo de los muchos edredones y colchones que hay en la cama para ver si lo nota. Si no se da cuenta no será una verdadera princesa.

Siguieron unos elfos de garbanzos descubiertos en el interior de la seta donde viven, una amanita cesárea preciosa de techo de hojaldre que, en presencia de humanos, se convierte en mortal trampa. Porque esos duendecillos indignados son muy celosos de su intimidad.


Garbancito (Garbanzos escondidos al ajillo)

-¡Garbancito! ¿Dónde estás?
-¡En la barriguita del buey, donde no llueve ni me veis!

En esas aparecíó el cazón, que es un tiburón casi doméstico que patrulla las aguas del océano más caletero, con ínfulas de actor de cine, como su primo el gigante blanco. Venía con frío, envuelto en capirote, sin hacer ruido. Sólo lo escuchamos quejarse de que era cazón-cazón cuando un guardia, en la puerta, quiso pedirle los papeles. Como a una caella cualquiera.


El mono titiritero (Crujientes de cazón y verduritas con tártara)
No tengo ningún inconveniente en brindarte mi hígado para tu rey -Dijo el mono- Lo malo es, que como soy tan distraído hoy me he dejado el hígado en casa, así que volvamos a la otra orilla.
El tiburón se lanzó de nuevo al agua con el mono y empezó a surcarla rápidamente, cuando llegaron, el mono saltó a tierra diciendo entre burlas: Yo soy el mono Titiritero. Soy el más listo del mundo entero. Mis volteretas son un portento. Y con el rabo cuento hasta ciento.

Nos surgió la duda al verla aparecer, tan ufana y amarilla: ¿Qué fue antes el huevo o la gallina?. Pero no era ambición desmedida, ni esa avaricia que rompe el saco, sino sana curiosidad científica. ¿Tendría en la huevada una mina de oro?, ¿qué comería tan augusta gallina?. Pienso, no, desde luego. Que más que de oro salen los huevos de agua, y es empresa peligrosa el freírlos, porque salpican hasta el cielo de la boca. Más bien creímos, pero fuimos tímidos y no se lo preguntamos, por no incordiarla, que esa gallina de los huevos de oro sólo podía ser una gallina libre. Y que por esos campos correría, despreocupada, felicísima, sin ataduras.


La Gallina de los Huevos de Oro (Pechuguitas rellenas de foie junto al puente)
Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

A los postres, nos dio un vuelco el corazón, que ya lo teníamos de gelatina. Hay quien se volvió niña y yo mismo, un Peter Pan que se olvida, cada vez, cómo se las gastan algunos para cambiarle el final a los cuentos: no había perdices para tantos enamorados porque se las llevaron a los cotos, donde se pagan en euros y no en besos; a otros se les ocurrió hacer conservas de sirenita, para ponerlas en valor, decían; el de más acá simpatizaba políticamente con los leñadores que rajaron, llenaron de piedras y cosieron al pobre lobo que sólo quería un poco de conversación...Menos mal que encontramos, en el plato, un refugio de chocolate, como sólo los hallas en las altas-altas montañas, y la galleta de jengibre nos guiñó otra vez, cómplice, desde su cuerpo de goma y, oh milagro, me comí entera una nube que amenazaba lluvia.


Hansel y Gretel (Las golosinas de la bruja)
Siguiendo el vuelo de aquel pájaro encontraron una casita construida toda de panes, dulces, bombones y otras confituras muy sabrosas.

Cuando salimos, ni siquiera era de noche.

4 comentarios:

  1. Una idea muy original y entrañable.......Felicidades a toda la Escuela!!!....bueno y a ti por difundirlo......vayase k...:O)

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  2. Diooooo!!! q wayyyyyy!!! me encanta. Y como cuento que era no comieron perdices, pero si tuvo final felizzzz!!!

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  3. Original como poco,y para ser el primer servicio que dábamos salió requetebien!
    (Alumno de Mili)

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