miércoles, 11 de enero de 2012

EL DESALOJO DE VALCÁRCEL RECUPERADO

No deja de ser descorazonador que, justo el día después de que se produzca la enésima toma del poder de los fastos del Bicentenario, la policía desaloje el único vestigio mínimamente digno que reproducía, en el edificio gaditano de Valcárcel, lo que de conquista mínima de ciudadanía supuso aquella Constitución que dicen quieren celebrar ahora. Quienes reducen la Historia a una mera coartada para darse a sí mismos la razón, cuando no la ven como una de esas series televisivas donde importan más los disfraces que la lógica, estarán hoy más tranquilos. El principal edificio civil de aquel 1812 estará cerrado doscientos años después. Y, así, nadie podrá visitar el que también fue el mejor escenario de las miserias y las enormes injusticias sociales de aquella época. Correccional (cárcel) para mujeres cuyo único delito era no tener oficio o no estar casadas; orfanato atiborrado de niñas y niños en abandono; asilo receptáculo de ancianos y ancianas; depósito de dementes; Casa de Misericordia, cuando la caridad les sosegaba más que la justicia. Y, también, en ese enorme contenedor de lo que la sociedad bien de entonces quería ocultar, salvando sus conciencias, algunos talleres de oficios para pobres que, en los dos siglos posteriores, han seguido suponiendo la dignificación de bastantes gaditanas y gaditanos que han pasado por el edificio para recibir educación. Precisamente esa ganancia del edificio para la educación, en su sentido más amplio, como un valor universal, creativo, comunicador y de superación personal y colectiva es el gran logro, en sólo seis meses, del movimiento de Valcárcel Recuperado.

La Historia sirve cuando nos enseña a corregir el presente. Que no nos hablen de la poca participación de la ciudadanía gaditana en unos fastos de fuegos artificiales y visitas de gente muy-muy importante cuando, por acción u omisión, de unos y otros, se deja en manos de los antidisturbios el aplastamiento (eso se busca) de una iniciativa espontánea, plural, compleja, humana, contra el absolutismo social, político y cultural con el que se está desmantelando y vaciando de participación nuestra tímida democracia. Quienes recuperan ese edificio tan maldito que aún lo identificamos con el apellido de un gobernador franquista han hecho, en estos meses, un impresionante ejercicio de participación. Han demostrado que es posible la intervención de la ciudadanía y la gestión seria de un patrimonio común, sin paternalismos políticos, ni neoliberales ni socialilustrados. Han ganado a la desconfianza.

He asistido a varias  asambleas y actividades en Valcárcel. Allí había tal diversidad que también a mí me irrita ese empeño en reducirlo todo a una marginalidad (social, de costumbres) que, por otra parte, nadie se esfuerza en explicar qué significa.  Me consta que ha existido autocrítica en errores, que también los ha habido. El respeto, que era la única norma en las asambleas, no siempre se templó con la prensa, que se merece la misma atención de escucha, por muy cuestionable que nos pareciera algo de lo publicado. En todo este hermosísimo ejercicio de aprendizaje de democracia directa, todo se puede debatir. En ese pluralismo muy vivo, lógicamente, sé de quien estoy cerca y de quien menos. Como sé que esas antípodas de lo que más me desagrada en la gestión de lo que debería ser sólo público está fuera de Valcárcel: en los que mandan cerrarlo con el hipócrita argumento de garantizarnos nuestra seguridad, en los que mienten mentando, entre dientes, esa sacrosanta propiedad privada, que no sé qué tiene que ver con este caso de un edificio que es público, desde el momento en que quien lo compró no ha abonado la cantidad de su precio y, además, quiere devolverlo.


Porque ese es el meollo de la cuestión. Lo que se debate, en otro orden judicial, es el coste de la indemnización que deberá pagar la empresa hotelera por la reversión de ese patrimonio a su propietario público, Diputación. Ésta, ni antes ni ahora, ha hecho nada por recuperar ese bien de todos; como la empresa hotelera no hizo nada por detener su deterioro; como el Ayuntamiento hizo todo lo posible porque no se hiciera en la ciudad ese hotel que había sido una idea de un enemigo político. En esa guerra miserable de intereses, un colectivo inédito, no jerarquizado, recuperó el edificio para darle un uso abierto a quien llevara a la asamblea sus propuestas. No se trata de una ocupación, porque nadie ha estado viviendo allí, ni nadie discute su propiedad pública; unos importantes matices jurídicos que hacen cuestionable, por la existencia de otros precedentes, la existencia misma de algún delito.


En este tiempo, se ha ocupado ese espacio con actividades, todas gratuitas, como clases de recuperación, guardería, biblioteca, locales de ensayo, colecciones museísticas, gimnasio, talleres de oficios, asociacionismo…He asistido a actos culturales con un público tan numeroso y entregado como nunca había visto en los circuitos pagados, de una forma u otra, por las instituciones. Evidenciando, y alguien debería extraer conclusiones de esto, el alejamiento y las carencias reales de una población que asiste, ajena (lo dicen ellos), al carísimo montaje de cartón piedra de un año espectáculo hecho sólo para mirar. Porque lo que han desalojado hoy en Valcárcel es el derecho a la participación, sin intermediarios. Creen ellos.


Sólo que cada día que pase con Valcárcel cerrado, deteriorándose a la vista de cualquiera, les señalará en su miseria.


Manuel J. Ruiz Torres

5 comentarios:

  1. Manolo: te agradezco tu opinión. Es difícil -para los que vivimos fuera de Cádiz- opinar sobre Valcárcel. La cosa está entre una "ocupación" salvaje de una propiedad privada y una esperanza en los proyectos del pueblo, con una organización ejemplar, poco vista en la ciudad.
    Pero: ¿no habría un término medio?. Administración y pueblo son dos extremos que se necesitan y se complementan....

    ResponderEliminar
  2. Llamarlo ocupación salvaje cuando no ha habido vandalismo ni destrucción, sino todo lo contrario, me parece un poco fuerte.

    Efectivamente, es la administración gaditana quien tenía que haber puesto los medios en su día para poner el inmueble al servicio del pueblo y no venderlo al mejor postor.

    En estos nueve años, desde que se firmó el acuerdo de compraventa y Zaragoza Urbana abonó el 10% del precio del inmueble, el edificio ha estado abandonado y olvidado convirtiéndose en una ruina y un nido de ratas. Sólo se han acordado de él cuando un colectivo de personas emprendedoras y solidarias han dedicado tiempo y dinero a acondicionarlo y ponerlo al servicio de la comunidad.

    Ahora que se ha desalojado, se tardará varios meses aún en resolver su situación de propiedad ya que Zaragoza Urbana pretende deshacer el acuerdo que firmó y la administración gaditana quiere poner sus condiciones. Mientras tanto, ni para dios ni para el diablo. Triste ejemplo de perro del hortelano, que ni come ni deja comer a su amo.

    ResponderEliminar
  3. Ocupación salvaje?? Vamos a ver , lo que a la opinión pública le parece salvaje es que un edifico patrimonial haya permanecido en el abandono durante tantos años después de haberle sido usurpada la propiedad legítima al pueblo al que fue donado, Cádiz. El pueblo de Cádiz es, pues, el único legítimo propietario de este edificio, y lo salvaje es que se haya permitido que su ayuntamiento haya trapicheado su venta a la que nunca se ha llegado, luego pues, el legítimo propietario sigue siendo el pueblo de Cádiz, luego entonces no es ninguna propiedad privada ni puede serlo de forma legal. Les ruego a las personas que opinen aqui que no tergiversen la información y se informen antes de exponer aqui información errónea.

    ResponderEliminar
  4. Salvaje fue el desalojo de ayer, amiga Charo. Salvaje también fue lo de principios de diciembre en Madrid con el desalojo el mismo día del Hotel Madrid y del espacio liberado en Montamarta. Esa misma noche, algunos de las personas que vivían en el Hotel durmieron al raso. Salvaje es un país que prefiere casas vacías a gente con techo. Salvaje es la Constitución y que su derecho a la vivienda sea papel mojado cuando se habla de intereses económicos. Salvaje es que haya más de 3 millones de casas vacías mientras la gente duerme en la calle. Aunque quizá lo más salvaje de todo sea la ignorancia y la escala de valores atrofiada en la que anda sumida gran parte de la población.

    La pena es que haya gente tan desinformada que, incluso en la propia Cádiz, ni siquiera haya sido honesta consigo misma para pasarse e informarse por sí misma, para verlo son sus propios ojos. En vez de eso, prefirieron (y preferirán) dejarse llevar por los rumores, por los prejuicios, sin dar una oportunidad a la verdad.

    ResponderEliminar
  5. VIVA VALCARCEL RECUPERADO! vivan las gaditanas y los gaditanos que con su ejemplar recuperación de este edificio , su desinteresada puesta en marcha de acciones educativas, culturales, deportivas, musicales, guarderías, escuela libre, universidad popular...en tan solo 7 meses, el increible y maravilloso esfuerzo que han hecho, me ha hecho recuperar la fe en la capacidad humana de organización, de generosidad....Lástima que hayamos tropezado con una suerte de políticos que solo aspiran a llenar sus bolsillos y salir en las fotos, que no tengan un ápice de sensibilidad hacia su propio pueblo maravilla. ¡¡Otro gallo cantaría si fueran capaces de abrir los ojos! Quizá no esté todo perdido y sean capaces de dar marcha atrás y asi dar un ejemplo mundial de inteligencia y no de barbarie. Nunca podrá haber un bicentenario después del desalojo de Valcárcel. Políticos dimisión! Valcárcel para el pueblo!

    ResponderEliminar