miércoles, 25 de enero de 2012

Comedor Popular Valcárcel Recuperado

Uno de los importantes Talleres que venían realizándose dentro de las actividades del colectivo que consiguió recuperar el edificio abandonado de Valcárcel es el del Comedor Popular Valcárcel Recuperado. Ahora desalojados, y con el mismo espíritu educativo de las demás actividades, el Taller sigue cumpliendo funciones tan enormemente importantes como la de sensibilizar en el consumo alimenticio responsable, la de recuperar la diversidad en nuestras dietas diarias con ingredientes tradicionales, la de fomentar la circulación horizontal de experiencias y saberes culinarios y, en lo fundamental, la de centrar la importancia de comer bien, como básico para un crecimiento personal y social. Cualquier cambio igualitario en las maneras de organizar la sociedad y las relaciones entre sus componentes sólo puede abordarse con la solución rotunda y digna de sus necesidades básicas: comer, tener un alojamiento, disponer de soberanía económica.

Un grupo de mujeres y hombres del colectivo que recuperó Válcárcel organizó este comedor que, con una organización autogestionada y una preferencia -que no exclusividad- por la comida vegetariana, ha conseguido cada viernes convertir la comida en un gratificante momento de sociabilización del ideario común que une este proyecto.


La actividad comenzaba el día antes, los jueves. Un grupo recorría, al finalizar el horario del mercado, los distintos puestos de la Plaza Central de Abastos gaditana, solicitándoles la cesión de ingredientes perecederos que, aún estando en buen estado, presentaran algún defecto (pequeñas picaduras, maduraciones, golpes) que, por su aspecto estético, hicieran imposible su venta al día siguiente. Durante la realización del Taller han contado con la importante colaboración  desinteresada, e incluso entusiasta, de tenderas y tenderos del citado Mercado Central. Esta misma actividad, por sí sóla, ya supone una denuncia del irresponsable despilfarro que buena parte de nuestra sociedad hace de unos bienes vitales. Ese despilfarro supone, tanto un considerable desprecio al trabajo de quienes los producen, como un sobreagotamiento de recursos. Además, da una medida de la degradación moral de una sociedad que es capaz de ignorar, en sus hábitos, el valor de unos alimentos que podrían suponer la vida en países donde se muere de hambre. El hecho simbólico de esta pequeña recuperación ya nos educa en el aprovechamiento responsable de los alimentos.


Otro logro de este Taller es la recuperación de la diversidad en nuestra dieta, ahora en verdadero peligro de uniformismo global. La pérdida de la estacionalidad de los productos, con tomates insípidos en invierno y cerezas hormonadas como pelotas de pingpong que viajan en avión desde el otro hemisferio, ha supuesto el empobrecimiento de las recetas. Es una contradicción que el aumento de la oferta ha supuesto una disminución de variantes para prepararlas. Ya no hay que esforzarse en crear platos y sabores distintos con los ingredientes que, en su mejor momento de sabor, nos ofrezca la Naturaleza. Ahora sólo se practican dos o tres maneras de preparar un ingrediente, porque éste se cambia en seguida por otro, normalmente fácil de elaborar. La pereza, que algunos quieren justificar como falta de tiempo en una sociedad que no tiene complejos en perderlo en otros asuntos, está consiguiendo que casi no se encuentren más pescados que los que se venden ya fileteados (aunque sean de perca alimentada con piensos), bandejas de verduras troceadas muchos días antes o congelados ya cortados de productos que, frescos, sólo requieren un esfuerzo mínimo, como patatas o cebollas picadas.

Tras el desalojo de Valcárcel este imprescindible Taller continúa con sus actividades, ahora especialmente reivindicativas. El pasado viernes asistimos al primero fuera de Valcárcel. Celebrado, porque no han podido robarnos el sentido de festejo con el que vivimos la educación, en la Plaza de España, frente a la sede de la Diputación Provincial, dueña y depositaria de la histórica cesión del edificio del viejo Hospicio al pueblo de Cádiz.


La imposibilidad de cocinar en la calle ha supuesto que cada una y cada uno de quienes participan en el Taller traigan la comida ya elaborada en sus casas. Esto no supone minorar la experiencia pues, ya con los platos generosísimos siempre sobre las mesas comunes, asistimos a igual intercambio de técnicas, recetas y variantes con las que, horizontalmente, en el mismo nivel de aprendizaje y de enseñanza, aprendíamos los platos. También en su valor de vehículos de comunicación y de felicidad.

En la mesa comunitaria no faltó el ingenio con el que se cocina para comer fuera de casa, recordando cómo esa necesidad de alimentarse sin abandonar el lugar de trabajo, en el campo o en las fábricas, fue la que creó muchos de los platos que hoy componen la cocina tradicional. Este primer Taller de Cocina Popular de Valcárcel Recuperado, tras el desalojo, ha implicado esa nueva recuperación. Junto a las muy habituales tortillas de patatas o las distintas ensaladillas, vimos arroces integrales de verduras cocinados para tomar fríos, cuscús con frutos secos, humus, ensaladas con una riqueza de variedades que ya denuncia el monopolio vergonzante de la simple lechuga o una impresionante empanada de habitas verdes.


Dulces, como la doble fiambrera de arroz con leche que desapareció entera, o la joya antigua de una tarta de algarrobas y chocolate, o unas galletas caseras empanadas, o un bizcocho de espelta integral trufado de frutas escarchadas. Platos de muchísima altura y cultura gastronómica.

Este inmediato viernes, 27, a partir de las 2 de la tarde, el comedor será en la puerta del Hotel Playa, supuestos propietarios (un juzgado está aún pendiente de decidir si la propiedad ya ha revertido a Diputación o si la mantiene el hotel que, además, quiere devolverlo) del edificio de Valcárcel. Seguirá una Asamblea de Educación.

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