domingo, 1 de enero de 2012

Celebración de Bodegas URIUM

La Bodega Urium es la más jóven del Marco de Jerez. La última en entar en el Consejo de la Denominación, en septiembre del 2009. Pero, a la vez, una bodega especializada en vinos viejísimos. Su propietario, Alonso Ruiz Olivares, de Moguer, compró entonces un antiguo casco de bodega en la calle Muro, con cerca de 500 botas de vinos en reposo desde hacía muchas décadas. Rebautizó su proyecto, una apuesta arriesgada por mantener en el mercado vinos muy especiales, como Mons Urium, en recuerdo a su tierra natal. Ese monte que Juan Ramón Jiménez describió como "El Monturrio, hoy. Las colinas rojas, más pobres cada día por la cava de los areneros, que, vistas desde el mar, parecen de oro y que nombraron los romanos de ese modo brillante y alto".

Bajo la dirección de su hija, la enóloga Rocío Ruiz, la bodega ha ido sacando al público su gama de vinos muy viejos, VORS (Vinum Optimum Rare Signatum), con vejez superior a los treinta años: Soleras de Amontillados, Palo Cortado, Oloroso y Pedro Ximenez viejísimos.

Junto a ellos, a mediados del pasado 2011, lanzaron una colección de vinos especializados de Jerez con quince años de envejecimiento: cream, Pedro Ximénez, oloroso, palo cortado, amontillado y pale cream. En novedosa botella de cristal transparente que ya sugiere la renovada modernidad de estas joyas maduras.


Para finalizar este tercer año de vida, la Bodega Urium celebró una fiesta en el mismo lugar donde envejecen sus vinos. Junto a amistades de la casa, una destacada -incompleta, por fuerza- representación de la comunicación gastronómica: Pepe Monforte, de Cosas de Comé; Pilar Acuaviva y Juan Antonio Mena, del blog Tubal; Pepe Darosa, de La Calle de Enmedio, en Canal Sur; Benjamín Colsa, del blog El cliente misterioso; José Augusto, de Novena Provincia; o Armando Guerra, de la enoteca La Sacristía del Marco de Jerez.

Y, como testigo de la proyección internacional de los productos de la bodega, pudimos compartir momentos con representantes de negocios del vino de Holanda, Belgica, Ucrania o el Reino Unido.

Entre los platos, a destacar un Ajo caliente, comida propia de vendimia, en el que un majado de ajo, tomate -previamente escaldado-y pimientos se mezcla con pan asentado, cortado a pellizcos, y mojado todo con el agua muy caliente de escaldaer los tomates. A diferencia de las Sopas, el conjunto no cuece sobre el fuego sino que se termina de hacer fuera, tapado con un paño, con el mismo calor del agua. Receta fácil y práctica para realizar en pleno campo.

Y el otro gran lujazo fue una Berza de garbanzos y alubias, también muy de Jerez, caldosa y especialmente espléndida en su pringá de carnes, embutidos y papadas de tocino, presentada en un único vuelco. Acompañaba, imprescindibles, unas teleras de pan de seis kilos, expresamente para la ocasión.


Comimos, principalmente, con otra joya de la corona: su Fino Urium, un fino en rama de crianza biológica bajo velo de flor. Un fino muy-muy especial. Para empezar, por su vejez, de ocho años en barrica, cuando lo habitual en las marcas más conocidas es de tres o cuatro años. Con la edad ha ganado en consistencia sin perder frescor ni aroma. Para los postres, su Pedro Ximénez. Y, de larguísima sobremesa fiestera, nos recreamos con su Palo Cortado, que bien puede sustituir, si se tercia, al más inspirado espirituoso.

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