viernes, 2 de diciembre de 2011

Crema especiada de calabaza y mariscos

La había probado en un restaurante y es de esas recetas sencillas que, aún sin conocerla, es muy difícil equivocar un sabor ruinoso. Sólo basta sentido común. Como la calabaza es dulce, el contraste salobre de la sopa de mariscos, tiene que venirle bien. Pero aún se sobrepondría ese dulzor que pensamos mitigar con un golpe de polvo curry muy picante, de Madrás, y el aroma cítrico del jengibre fresco, una especie que triunfaba en las cocinas españolas hasta bien entrado el siglo XX.

Preparé un caldo concentrado con las cabezas y pieles de un cuarto de langostinos y unas gambas. Después, trituré todo y colé. Abrí mejillones, con un poco de vino blanco. De ese segundo caldo sólo empleé medio vaso, pues sala mucho. Reservé la carne, junto con un calamar en anillas, langostinos y gambas peladas.
Hice un sofrito de media cebolla, dos dientes de ajo y un tomate. Sobre esa base, rehogé la calabaza troceada (medio kilo) y un pedacito de jengibre fresco, y mojé con los dos caldos. Se añade una cucharada de café (o más, si se quiere más picante) de curry hot Madrás. Se deja cocer durante unos veinte minutos, hasta que quede tierna la calabaza. Se añade entonces la mitad de los mejillones y se tritura con batidora. A la crema resultante se le añaden las anillas de calamar, para que cuezan unos cinco minutos. Y, en el último momento, las restantes gambas.


Como terminación, hice unos langostinos al ajillo, fritos con mucho ajo muy picado y una guindilla. Borbotearon en el aceite hirviente sólo unos segundos, lo justo para que cojan color. Se añaden, escurridos de los demás ingredientes, a la crema de calabaza y mariscos.

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